Nuestros hábitos de consumo.-
Si modificamos nuestros hábitos de vida e incorporamos el componente de la preservación del medioambiente y logramos transformar “hábitos” en “estilo” de vida, colaboraríamos de manera impresionante a reducir el número de animales que mueren cada momento.
Si reducimos la huella ecológica (de groso modo: cuántos recursos consumimos en un planeta que ya entró en déficit) podremos alivianar la presión de la población sobre la fauna y flora.
A manera de ejemplo, uno muy simple pero ilustrativo, si dejas de consumir chocolates que se han elaborado con cacao proveniente de monocultivos donde antes fuere ecosistemas de animales, desincentivarás el consumo y habrás dado tu contribución.
Suena como que la acción es un grano en la arena. No pierdas fe. No es así, todo cambio por más pequeño que creas que es vale mucho porque somos una creciente población de personas que hemos decidido dejar las palabras y tomar las acciones.